que surgen, con la mañana
Ruina, pequeña ruina descobijada
Hecha al frío por el clima y la necesidad,
insatisfecha
Pensamientos no dejan,
La vida distante desde la cama
Pensamientos se crean y se deshacen
Pero vamos... balcón, no balcón
Espacio de expresión personal sobre temas como Letras, Literatura, Filosofía, pseudoFilofobia, Música, Butoh, Bitácora, Reseñas, improvisaciones, exposiciones. Esto sugiere ser una plataforma para publicar algunos de mis trabajos, con la única trascendencia del anonimato y la exhibición selectiva ante visitantes esporádicos, muy esporádicos.
La madrugada, densa de nuevo. Todo está aquí y todo ha sido expuesto, sin decir nada en realidad. Momentos tranquilos, ¿dónde están? La cama es un sutil universo, ideal para el fracaso. ¿No podría quedarme con la mirada suspendida por siempre? La luz inmerecida; la noche en calma distante; el deseo incompleto; la angustia viva; el ciclo cumplido; la repetición constante; el vicio extinguido; el gris expuesto, se pone más gris; los ojos cansados de no leer; las manos arrinconadas por no escribir, ni tocar, ni desear, ni limpias del todo, sin dejar de temblar sostienen con esperanza... descubrir entre el punto más grave de la madrugada que la esperanza es legítima. Todo tiende a desintegrarse; nosotros esperamos desaparecer.
.
A salvo bajo las sábanas. A salvo, ¿a salvo? El súbito despertar conforma la madrugada, oscura sólo por su aspecto de desolación.
Respiración, pausada. Aroma, inhalado. ¿Hasta qué punto la sinceridad puede romper todas las barreras? La misma pregunta, la misma respuesta…
Y entonces el aire se pierde, y entonces la idea en el fenómeno se evapora, si es que puede hacerlo, y si no lo hace, lo imaginaremos. La mirada en el techo, fija, techo a oscuras… y todos los números y posibilidades aquí y allá, resueltos en todo momento; la vida desde la grieta se percibe de una forma particular.
Y de nuevo la cosa seria detrás de cada cosa es un pensamiento insoportable y vastamente adictivo, la mente se repliega, el abandono es una miríada de fe, como alcaudones que temen por el pico ceder.
Una nueva planta conforma el jardín desde una maceta entre esta negrura, doscientos nuevos colores se colapsan al cerrar fuertemente los ojos, la sensación suspende, ¿cuál será su expresión correcta? Sin uso para la palabra, el mecanismo por el cual una frágil existencia se vuelve otra vez agitada es confuso, pero sólo porque no puede ser entendido, aunque tiene una solución, que todos sabemos y desconocemos (aquí hay una palabra longeva que comienza con A mayúscula).
Así aparecen unos minutos más en el tácito boicoteo de la privacidad, se mantienen como olas abiertas en un océano tan fijo como el mar que hizo de la profundidad su sentido de pertenencia, las ilusiones son la emoción retenida en la palma de la mano y, sonrisa… yo... te vi... ahogar, nuevamente.
No hay curso para la mañana, no hay crítica ni entrega, pero ¿qué significa esto? Mary Datchet entregada a Ralph Denham, los personajes que acompañan, tímida música que arrincona en la vértebra amorosa su néctar (¿he escrito vértebra?). Nada de esto tiene sentido, sólo significado. Y nuestros personajes nacen y mueren y se regeneran.
Los dedos pasando entre el cabello son una agradable recolección de impresiones, y al abrir los ojos los colores vuelven a la ausencia… sólo tenemos el súbito desmoronamiento del sueño, la madrugada pesada, el tránsito lento de la devoción hecha un diálogo divino y, como por consuelo de la noche abandonada, unas palabras; podrían ser éstas, podrían ser cualquier otras, pero ningunas tendrían sentido, sólo significado.
Ya llegará una nueva mañana. Y el día y un fin, ese será la noche. Ya llegarán mejores palabras, mientras tanto, ésta es mi reconciliación con el verde a través de las sábanas.
Procuraré dormir lo que resta de ausencia.
-
-
Con motivo del próximo lanzamiento discográfico de Tindersticks, para julio de 2007 (en Ámerica). He decidido publicar una entrada trabajada en mi anterior gaceta. El nuevo lector encontrará un texto innovador dentro del formato del blog, y quien haya leído la publicación anterior hallará unas líneas ciertamente rejuvenecidas, un texto corregido y en cierta forma pulido. Sirva nuevamente como aclaratoria antes de comenzar, que la presente No es una recomendación musical. La presente surge como un pequeño apunte personal y representativo de un gusto musical por excelencia.
Vamos a escribir sobre una agrupación de Nottingham (Inglaterra) que comienza su carrera como orquesta en los primeros 90’s, y que paulatinamente ha obtenido un completo respeto y convertido en una finísima referencia de todo oído apreciativo. Desde los primeros trabajos de este sexteto fue posible captar la evidencia de que, indubitablemente, comenzaba a ser compartido un nuevo universo, tan vasto en delicadeza como erosivo por antonomasia.
Descorramos el velo de un dramático escenario para mostrar de quién estamos hablando. Se trata del “secreto mejor guardado por el cual te espera una profunda y amarga felicidad”. Se vuelve preciso para este momento olvidar las letras de un lápiz cansado; olvidemos los libros y las galerías visuales, dejemos atrás esa parte del arte y preparemos el terreno para escribir brevemente acerca de una agrupación de la forma en que la propia música en cuestión lo exige; como puede sugerir, la palabra… Tindersticks.
Descritos por la prensa, alabados por la crítica, venerados, reconocidos y, como si tuviera importancia, desconocidos. Tindersticks es una de esas pocas, poquísimas bandas auténticamente inclasificables. Podemos encontrar en los medios acepciones que los intencionan hacia “Canciones de cuna en un mundo psicótico”, “Pop de cámara, frágil e intimista”, “sinfonías de alcoba”, “suplicios emocionales, melodías sin fin”, “teatralidad dramática en la creación de atmósferas muy personales”, “una senda de oscuro romanticismo y elegancia decadente”…
Con una técnica lírica compuesta tan sólo de lo indeleble, el sexteto formado por Dickon Hinchliffe, Stuart Staples, David Boulter, Neil Fraser, Al Macaulay y Mark Collwill lanza su álbum debut homónimo: Tindersticks; firmado con veintiún canciones, excediendo la hora y quince minutos, y demasiado complejo, lento e introspectivo. Entonces la odisea de las atmósferas en picada comienza…
No hay definiciones, sólo destellos. En un universo donde la vida y la muerte son una posibilidad, elegimos Inspiración…
"Mis cartas yacen en tu ventana, amarillentas por el sol
Escritas al tiempo en que nuestro amor era lo primordial,
Tan sólo escaparon de mi pluma, que está rota ahora.
Y al no poder escribir cualquier cosa
Y al no estar cerca de ti,
Toda esta aflicción que la alegría otorga
Muestra tan sólo la verdad de las cosas, el cambio... " (NECTAR, 1993)
Pero hablar de inspiración es inspirarte, y no hay nada más. El último trabajo de Tindersticks saldrá a mediados de julio, un disco doble bajo el título: COMPLETE BBC SESSIONS. Se trata de una recopilación de las sesiones acústicas para la BBC de Londres, un repertorio que contendrá 36 de los temas clásicos y algunas reversiones.
-
*Publicaciones aludidas en esta entrada: Letras libres, I-Rock, Encerrados afuera, tv España
-
Entre la vergüenza, la ternura y el suspenso de una primera mirada al espejo por la mañana he notado como la cordura de mis ojos desaparece, haciendo recuentos. La mañana también languidece desde el lado de las sonrisas. Pero, sin detenerme mucho en ello, regreso al punto de la vida escrita.
Con cierto aire metódico los aromas del día tornan literales mis experiencias, hasta el punto en que la posición de espectador parece un lujo anhelado. Me voy a la música, y aun con que la noche anterior fui rodeado de melodías, quisiera que mis músicos crecieran; pues la cosa seria detrás de cada cosa seria hace de mis compositores unos pobres críos. Debe ser sólo objeción a la ilusión moderna, y la ilusión de objeción que eso conlleva.
Pero ahora volteo la página hacia donde no hay sonido, o el sonido es más puro que, no se escucha: azaleas de presencias azarosas, estorninos que se congelan mientras vuelan, lilas silvestres por naturaleza; alcaudón replegado en sí mismo y… más literal, más literal se torna mi vida.
Entonces, con el desastre de una fragilidad insoportable, entre movimientos pasivos, inevitables, tendido en pastos azules que revolotean y que ya solo, revolotean. Yo me destruyo con alguna especie de existencia mientras la verdad se revela, en alguna parte. No será en la música, esta vez, no será en mi escritura…


Ayer di un paseo sólo para toparme con la horrible gente de mi ciudad. La desfachatez de un pueblo que carece de dignidad. Pero mientras los estornudos ensuciaban el aire y las risotadas burlescas inundaban los pasillos de piedra, no me fue posible -y lo estimo demasiado- apartarme de un débil susurro que apuntaba sobre mi pensamiento, insistente en volverme irremediable testigo de una conversación interna apartada llevada a cabo en algún rincón de mi mente.
Comencé a imaginar por aquél entonces, justo frente a un puñado de mujeres y hombres que andaban sin cesar, imágenes que figuraban algunas de mis más arraigadas disquisiciones… reminiscencias mujer-hombre, origen del sufrimiento, obsesividad, acausalidad y un largo etcétera. Lo que miré fueron una especie de manchas de aceite sin forma aparente, pero pude visualizar el entramado de fondo. Sin embargo, lo ilusorio de ese reflejo figurativo rápidamente se disolvió en un nuevo pensamiento que tomó por sorpresa a mi conciencia. Y entonces me cercioré de que en mi mente se efectuaba aquella conversación entre voces que parecían tener voluntad propia:
- “... Porque mi escritora ha fallecido, y ahora quedaré atrapada en una inmortalidad incierta, ahora he cruzado la puerta, y todas las cosas que nos lastiman son insignificantes, ahora tengo independencia, aunque ésta es anónima, siendo un producto imaginario. Pero siento finalmente el sufrimiento mismo, justo ahora que mi escritora ha muerto. Y lo único ya es su pasajera ausencia; la de quienes nos han dotado de presencia” -, dijo la señora D.
Entonces Mikel, mi acompañante de ese día, recordó que tal vez después de todo su vida sólo era cierta para sí mismo, que la guerra y la filantropía, la historia y el devenir, llegaban a ser si acaso la mejor descripción que pueda haber de un sí mismo. Y ambos pensamos paralelamente: Ahora ella permanecerá en el anonimato de las interpretaciones, sin que se sepa nunca nada preciso realmente, sin poder hacer mucho al respecto; su escritora ha muerto, ha partido de la carne.
¿Y nuestra historia? –pensamos- y, ella, el personaje, el mismísimo personaje, se unió a la invocación… ¿A quien le importa?, ¿Podría importarle a alguien? ¿Tendría que importarle a alguien?, si la vida es sólo para los humanos ¿entonces somos únicamente algún desperdicio?. Y luego proseguimos: para quién podría resultar significativa esta conexión, ésta conversación involuntaria, de cualquier forma anónima, ¿Estaremos siendo demasiado irrespetuosos al pensar en esto? ¿Y quién lo haría? ¿Quién nos lo diría?.
El final del día fue extenso, regresamos al comienzo del pasillo y la gente se había ido, cada uno había emprendido la huida hacia el hogar, o quizás para la mayoría éste no existía. Su vida se los impedía. Sin embargo a este punto llegamos a la conclusión de que efectivamente hay personas muy hermosas, pero son escasas.
Tan sólo recuerdo que nosotros vimos las calles desiertas demasiado atractivas, y el contraste de la negra visión planetaria del cielo con la arquitectura conventual nos pareció un sortilegio de magia avanzada. Nos entrelazamos con la idea de que las flores de antaño conservan aún hoy su aroma, y la historia no es el mejor medio para reconocerlo. Estuvimos de acuerdo Mikel, la señora Dalloway y yo, en que tanto ellas (las flores) como nosotros, somos insignificantes en el universo. Y coincidimos en la pregunta por la voluntad de éste mismo.
De qué sirve entonces vivir en el recuerdo de alguien, si su memoria poco importa a los asuntos atemporales. La gloria siempre es pasajera, los días rotos también lo son. Puedes sentirte a ti misma presa de un personaje, y personaje y autor al mismo tiempo, escribirte día a día y sólo para advertir al final de tantos años de trabajo la fatalidad del lector.
Después puedes preguntarte convertido en un inquietante ente literario… y a mí, quién terminará por leerme cuando sea un pequeño librito amarillento, ¿será un vago? ¿un pendenciero? ¿un niño graduado? ¿una mujer de buenos modales? ¿algún solitario? ¿algún burlón? ¿alguna sombra? ¿alguna mano? . Pero lo que siempre es interesante es observar la recompensa de las palabras reflejo en sincronía con las órdenes nerviosas que han impulsado el acto; un cerebro, unas manos, unos ojos, mente y lo que hay detrás, eventualmente.
Sí, el día fue extenso, y su desenlace sutilmente emotivo. Sucede que entonces Mikel cierra su libro y me pregunta si escuché los pensamientos, si se han grabado como laminillas en mi memoria. A lo que yo dije: acabo de darme cuenta, pero la he escuchado a ella, ¿Le has visto? oye y, ¿Crees que cambiaría algo si supiéramos acerca de su destino?... Y Mikel desesperado gimoteó y se puso tenso, y me pidió mientras bebía café en la terraza contemplando la ciudad, que dibujara en una servilleta áspera de 10 x 10 su mejor creación de su breve antaño...
La arquitectura se intimidó ante el contenido revelador de su obra; que si bien el curso de los millares que pasaban estornudando y contaminando el aire, con sus risotadas y sus vidas groseras no me impidieron plasmar, trataré de reproducir a continuación tal como Mikel me lo solicitó:
AQUÍ ESTÁ DIBUJADO UN OJO QUE LLORA